Opinión

Ser padres hoy (precisamente hoy)

Cuando Leonardo (que se llama en realidad “Léonard” pero nadie le dice así) nació en la madrugada del 28 de diciembre  del 2016 le tomé una foto con el celular apenas antes de que se lo llevaran a la incubadora. Yo seguí a la enfermera sin que ella me hubiera invitado a hacerlo y me paré al lado de la cajita de vidrio, agachado, mirando hacia adentro sin atreverme a acercar la silla plástica que estaba contra la pared, de miedo a romper el frágil equilibrio que acababa de descubrirle al mundo No me dolió la espalda por quedarme en esa posición, no me ha dolido todavía. El optimista que soy  decía “Dále, un gradito centígrado no más te falta”. La lectora de Cioran que es mi compañera, en la habitación de al lado y sin que nadie le explicara nada, pensaba “Así será la vida, qué le vamos a hacer”.

Ninguno de los dos rezó. Cuando el 31 de diciembre caminábamos el kilómetro y medio que (según Google Maps) separaba la clínica de la casa, con Leo en el canasto de un cochecito (se me habían quedado las ruedas en la casa) pensaba que esa ausencia de rezamiento era una prueba de que la paterno-maternidad no me había cambiado el chip. De que ese chispazo que te convertía en papá, que te volvía todo lo que es un papá, no existía. Y mejor así, son más lindos los procesos que los milagros. Los amores que crecen que los de a primera vista.

*
Yo tengo muy presente lo que se decía en Medellín en mis tiempos, que madre no hay sino una, pero padre puede ser cualquier hijueputa. Tratar de no serlo es jodídismo, pero es un deber.

*

En los días y luego semanas y luego meses que siguieron al nacimiento de Leo (es así como le decimos)  pensé en escribir al respecto desde todos los ángulos que se pudiera. En robarme el título de una revista que existía en Colombia y se llamaba “Ser Padres Hoy” y utilizarlo en clave a veces anarko-punk; a veces de consejos prácticos, para un blog en el que contaría cómo me iba convirtiendo en padre.

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En modo anarko-punketo, que lo aprendí de mi mamá porque madre no hay sino una, me negaba a aceptar la paternidad como la confirmación definitiva de una entrada en la adultez y la norma. Uno está en pareja como quiere y es padre como quiere. Hoy sigo creyéndolo : Celebro esa  nueva manera de estar en comunión con otros seres humanos, ese gran  tema universal como el fútbol (y creo que sólo casi como el fútbol, que no me gusta) con el que uno puede sentirse hermano de los desconocidos en Kyiv o en el Kurdistán iraquí. Al mismo tiempo me sigo declarando en oposición a la reproducción como prolongación de las estructuras sociales que arruinan las vidas de los seres humanos. Nunca entendí que me felicitaran porque “salió varón” (ahí estaba el machismo) porque “tenía un heredero” (con esa carga de capitalismo) o que me salieran con que “Se que es el más despierto/el más pilo” porque si algo jode a este mundo es la idea de que hay que estar por encima de los otros, cuando con estar junto a ellos nos bastaría de sobra.

Quería sentarme a escribir que sigo descreyendo en todas las formas de propiedad (incluso en el amor) y que aún creo en todas las formas de amor (excepto en las que implican propiedad) pero quería también aportar de manera más prágmatica mi basta experiencia en el asunto con TIPS como:

“Una de las primeros deseos de los nuevos padres es saber cómo cambiar correctamente a su bebé. Queridos lectores, malas noticias: la mayoría de clínicas y hospitales no aceptan que uno cambie al bebé. Traten de estar satisfechos con el que les tocó”

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“Hoy voy a hablarles del ‘body’ , esa prenda que ustedes no han escuchado mencionar desde principios de los noventa y de la que nunca pensaron que volverían a oír. El ‘body’ es la vestimenta esencial del bebé y existen diferentes tipos, por lo que hay que saber elegir. Los dos principales modelos son: “tres botones abajo” y “botones laterales”. El primero es el más adecuado a los bebés que tienen el rabo en la parte posterior del cuerpo”

Todo eso tenía para decir pero este año en el que escribiría, además de suficientes notas para mi blog como para convertirme en un líder de opinión, la novela que iba a revolucionar la narrativa latinoamericana, que sería más genealógica que Cien años de Soledad, más enredada que Rayuela y más sobrevalorada que El síndrome de Ulises, se me pasó entre visitas al almacén de segundazos para bebés de la Cruz Roja y a otros tantos con precios impagables (donde me sorprendí tantas veces diciendo “ayyy qué cosa tan tierna”) y sorpresas frente a la aparición  de nuevas habilidades psicomotoras, de esas que quienes hayan leído mi letra manuscrita comprenderán yo nunca desarrollé.

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Y trasnochadas.

Porque el arte del baño se aprende, el amor se entrega, la disciplina ni pa qué intentamos , el hambre termina por hacer comer , con las virosis se convive y los pañales los cambia cualquiera que haya aprendido a cerrar la nariz enfrentándonse a los lacrimógenos de la antimotines, pero la privación de sueño, que es considerada una tortura por varios tratados internacionales y en medio de la cual hay que ejercer todas las responsabilidades anteriores, ese el último desafío, la prueba suprema.

Desconfiad de aquellos que dicen “Es que con su sonrisa uno se olvida de las mil despertadas en medio de la noche” porque omiten el corolario “Es que con la despertada en medio de la noche uno se olvida de sus mil sonrisas”. Por eso, por parciales, son tan aburridas las apologías de la paternidad.

*

Nunca me emocioné con las ecografías y no he bombardeado ni las redes sociales ni las amistades con fotos no solicitadas del mocoso (lo de ‘mocoso’ no es una figrua de estilo, apenas entran la guardería se convierten en unos seres interactivos hechos de puros mocos y una pizca de amor). Tambien he evitado -hasta hoy- mencionar el asunto (es decir a Leonardo) en las redes sociales al punto que alguien me dijo “Pero cómo iba a saber que  tiene un hijo sino pone ninguna foto en Facebook y además usted milita tanto por los derechos LGBTI”

Porque claro

1) Hijo que no se exhibe en las redes sociales no existe

2) Los homo/bi/pan sexuales no tienen derecho a reproducirse.

Sin embargo puedo entender a los que ponen las fotos de sus retoños en Facebook, incluso si las acompañan de una nota prohibiendo a la red social la reutilización de un bebé igualito a todos los otros bebés del mundo (los bebés son feos, con excepción del propio). A lo mejor si los 365 días de paternidad efectiva me han dejado una huella es haberme abierto la empatía con los que quieren tener hijos y más aún con los que los tienen y, qué empatía tan grande, con los que los exhiben con orgullo. Esto aunque, a la hora del debate,  sigo poniéndome racionalmente del lado de los que se oponen a ser parte en la continuidad de la especie y sobre todo admiro la mesurada sabiduría de los que optan por las mascotas como término medio. No creo que ninguna posibilidad de vida sea más rica o noble o sacrificada que las otras. No me interesa pontificar sobre las felicidades propias ni arruinar las felicidades ajenas.

*

La paternidad me llegó en un momento de mi vida en el que sentía que era incapaz de parrandear toda la noche y despertarme a trabajar al día siguiente. Los desvelos de papá me enseñaron que cuando toca se puede y a lo mejor de ahí nació una metáfora para la paternidad que intuí rápido y creo sigue siendo válida: Ser padre es como irse a una fiesta buenísma y gozársela sin pensar en la resaca que vendrá. Y la resaca viene y antes de que se vaya estarás otra vez de fiesta. Así no quieras. Sin descanso. Sin pausa. Como en esa bohemia que nunca vivimos: Un ciclo eterno de parranda y guyabo en el que cada mitad (no) te hace olvidar la otra.

O como levantarse muy temprano para atrapar un avión en el que uno sabe que el viaje estará lleno de sorpresas y vivir un día de descubrientos y al otro día tener que madrugar otra vez y seguir descubriendo, un viaje del que no te puedes bajar a pesar del cansancio y que no por eso pierde la gracia.

Los grandes amores de mi vida nunca fueron flechazos, pero después fueron amores que no se acabaron más. Han pasado 365 días. No me he convertido ni en un capitalista, ni en un fanático de la idea de competición ni un defensor de los valores familiares. Esta semana Leo aprendió a aplaudir.

Llegué a los 39 esperando que el termómetro bajara de 39. Un gradito centígrado menos, dále.Ahora creo que el consejo de Diomedes Díaz es imperfecto: si a él le inspira ser zapatero, yo sólo quiero que sea zapatero.

Tengan ustedes (también) un muy feliz 28 de diciembre.

3 pensamientos en “Ser padres hoy (precisamente hoy)

  1. Muy bueno! Vea pues te convertiste en papá!!! Felicitaciones por ese nuevo rol y por Leo!! Sí efectivamente, el cuento no es fácil pero lo describes muy bien : es como une buena fiesta o un eterno viaje!

  2. Don Ricardo lo felicito por su Leo y de usted precisamente he recibido las mejores enseñanzas de como ser un gran humano aprovecho para felicitarlo por su cumple
    Att
    El chat de la consola

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