Crónicas y Reportajes/Periodismo

“No me siento aplastado por la obra de Picasso”: Fernando Botero

publicado en EL ESPECTADOR

La exposición se presenta como un diálogo, como una posibilidad de que Picasso y Botero, que nunca se encontraron en persona, pudieran por fin tener esa conversación pendiente, pero apenas cruzando las puertas del Caumont, en la ciudad francesa de Aix-en-Provence es evidente que la charla habría tenido otros invitados. No son casos aislados en la historia de la pintura, pero Picasso y Botero fueron notorios por haber copiado (reinterpretado es por supuesto una palabra más adecuada) a los maestros que los precedieron.

Cuando Botero pinta a Cranach o Velázquez, también está pintando las versiones de Picasso.
“Si lo hubiera conocido le hubiera dicho, no sé, que admiraba su trabajo”, dice Fernando Botero. A los 85 años sigue siendo generoso a la hora de hablar de su obra y como las preguntas se repiten es como si de cada una captara apenas una palabra clave a partir de la cual elabora su respuesta. Botero ha llegado a pie y tomado un momento para mirar de cerca su caballo de bronce de dos toneladas que estuvo expuesto en el Foro de Roma y hoy, para abrir la muestra en la que sesenta de sus obras comparten espacio con veinte Picassos, ocupa la plaza central del hotel Caumont, el más grande y mejor conservado hotel particular de la ciudad sureña.

Desde su transformación en centro artístico en el 2015, el Caumont ha albergado exposiciones individuales de William Turner, Alfred Sisley y Giovanni Canal, “Canaletto”.

“La idea desde el principio fue dedicar la exposición de este año a Fernando Botero”, dice Cecilia Braschi, comisaria de la exposición. “De las conversaciones que tuvimos fue naciendo la idea de poner sus obras a compartir espacio con una selección del trabajo de Picasso, no buscando imponer o forzar correspondencias únicas, sino abriendo la posibilidad de que los visitantes las descubrieran”.

Y las correspondencias van apareciendo: La masacre de Corea del español compartiendo sala con La masacre de las ocho y quince del colombiano, se convierten en un díptico que nos recuerda de manera brutal que las metamorfosis de la barbarie son apenas aparentes. Los arlequines de Picasso parecen escapados de las escenas de carnaval de Botero, con las que la exposición de Aix nos presenta el que se ha convertido en el reciente tema favorito del artista.

“No los grandes carnavales oficiales como el de Río”, dice. “Me interesa el carnaval pobre, ese en el que todo mundo participa y se disfraza y sale a la calle. Es que el carnaval, como el circo, es un tema que se pinta solo: ahí están la composición, el color, el movimiento”.

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Alguna vez Botero dijo lo mismo sobre la corrida. El artista lo repite: “Sí, la corrida también. Además está esa línea del ruedo que no es un horizonte plano como siempre”, dice. “En esta exposición hay varios cuadros de toros de Picasso y míos. De los suyos hay uno que me fascina: La muerte del torero. Porque, claro que Picasso descompone la figura, pero aquí no es eso, es que el toro le arrancó la cabeza al matador. Yo he visto cornadas en la vida, es parte de la violencia de la corrida, pero nunca una tan brutal como la que pintó Picasso”.

La muerte del torero no es sin embargo el cuadro de Picasso que Botero más deseaba en una exposición que movilizó varias obras maestras de los museos Picasso de París y Barcelona. “Quería mucho que consiguiéramos el Pablito, Retrato del hijo del artista en arlequín”, dice Braschi.

Un óleo de Picasso que se corresponde con el Pedrito de Botero y también con su Pierrot del 2007, que fue utilizado para el afiche de promoción de la exposición, un evento que se inscribe en el ciclo Picasso mediterráneo y que, a pesar de coincidir con el Año Francia-Colombia, no hace parte de la programación oficial del mismo. Una elección voluntaria de un artista que se sabe universal y se formó en los museos del centro y sur de Europa.

“Al mismo tiempo, claro que soy un colombiano y siempre he pintado a Colombia, porque uno pinta lo que vio en la infancia. Si yo pinto un hombre, va a ser un hombre colombiano, mucho más que un francés o un americano”, dice Botero. “Y por supuesto que estamos pasando por un momento histórico para nuestro país. No puedo entender cómo hay gente que no se da cuenta de la importancia de lo que estamos viviendo en este momento”.
¿Y este momento en la historia del arte?

“La historia del arte no se va a detener, porque siempre habrá rupturas. El Renacimiento pasó, el impresionismo pasó. La abstracción obligó a replantear el arte figurativo, y cuando los que hacían pintura abstracta se creían en un trono apareció el pop art. Ahora lo establecido es el arte conceptual, pero seguro en este momento hay jóvenes artistas cocinando el próximo golpe de estado”.

 

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En 1998 Botero pintó su Retrato de Picasso. Como esta exposición, era un homenaje y una confrontación. Le han dicho muchas veces que, a pesar de que Picasso experimentó todos los estilos y él se ha casado con uno, tienen muchos temas en común, además de la corrida y el circo, pero se niega a que se hable en términos de temáticas.

“El pintor no es el tema sino el estilo. Quien se dedica a plasmar temas es un ilustrador, y ese es otro oficio. A mí me tomó cuarenta años encontrar un estilo y lograr que mis cuadros fueran ‘boteros’. No sé lo que pasará en el futuro con lo que he pintado, nadie puede decirlo, pero hoy, viendo mis cuadros expuestos al lado de los suyos, puedo decir que no me siento aplastado por la obra de Picasso”.

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