Opinión

Las cosas que uno tiene que escuchar…

  1. Estamos entregándole Colombia al comunismo”

Un amigo del colegio (yo estudié en los Liceos del Ejército) nos invitaba en una cadena de whatsapp a votar a conciencia para luego “evitar la amenaza roja”. Léase, comunista. Muchos de los promotores del NO, o muchos de los que les creen, imaginan que hay un paso entre aprobar los Acuerdos de Paz y la instauración de la República Popular Colombiana, una especie de mezcla entre Cuba y Venezuela que con el tiempo se convertirá en la Corea del Norte de América del Sur. Sin embargo la “amenaza roja” no llega a rosado pálid Yo me los leí con la decepción de encontrar que la palabra “expropiación” sólo aparece ligada a “bienes adquiridos ilícitamente” y de que no parece ni una mencioncita (que tan buena hubiera sido) sobre la nacionalización de los servicios públicos y la explotación de los recursos naturales. De comunismo poco en los acuerdos y es una lástima porque qué bella oportunidad hubiera sido.

  1. Es gracias a la estrategia de Uribe que las FARC se sentaron a negociar”

Falso de toda falsedad. A lo largo de su historia las FARC han estado dispuesta a negociar en muchas ocasiones, incluso antes de iniciar la lucha armada clandestina. Hay que recordar que nacieron ante el fracaso de una negociación cuando eran apenas un grupo de campesinos excluidos de los acuerdos entre las élites liberal y conservadora. Pedían escuelas y carreteras y nos hubiéramos ahorrado 300.000 muertos sino fuera porque el gobierno, instigado por el verbo de Álvaro Gómez Hurtado, respondió con bombardeos. A pesar de semejante comienzo, las FARC insistieron y hubo acercamientos en varias ocasiones a lo largo de la década del setenta. En el 83, sin estar en decadencia militar y cuando contaban con un apoyo fervoroso en los círculos univeristarios, llegaron incluso a firmar un Acuerdo de Paz con el gobierno Betancur. Las FARC tampoco estaban al borde de la derrota cuando una parte de sus miembros de unió a sectores civiles para fundar la UP (y ya sabemos cómo les pagó el establecimiento) y más aún estaban en el momento de su máxima capacidad financiera y operativa en la época de los diálogos de San Vicente del Caguán. Los dos gobiernos de Uribe, en los que negó sistematicamente que en Colombia había un conflicto, no sólo no nos acercaron a la paz, sino que nos hicieron tardar ocho años y miles de muertos más antes de empezar a imaginarla.

  1. Las FARC no van a ir a la cárcel”

Inexacto, pero sobre todo revelador de la venganza y el odio como fuerzas fundamentales detrás de los promotores del NO. Siempre ha estado claro que no existirá indulto para los delitos de lesa humanidad y aún sin haberlos cometido un buen número de guerrilleros de todos los rangos pagarán penas de privación de la libertad, lo que ya es mucho considerando que lo que estamos solucionando es una guerra. Los insurgentes, en un gesto que sólo puede ser calificado como noble, han aceptado el acuerdo a pesar de que NI UNO SOLO de los miembros del otro bando, es decir las Fuerzas Militares, va a ir a la cárcel por haber participado en el conflicto. No lo olvidemos: las atrocidades no sólo vinieron de las FARC. El estado bombardeó poblaciones, cobró “vacunas” (como el impuesto de guerra y la enorme parte del presupuesto nacional que se va en gasto militar) ejecutó y secuestró civiles (todavía en las cárceles colombianas hay decenas de presos politicos y Santos todavía no ha asumido su responsabilidad den los Falsos Positivos) con el único fin de preservar un sistema injusto y excluyente.

 

  1. “Santos va a poder hacer lo que quiera con el país”

No somos tan pendejos. El SÍ está lleno de peligros y trampas, pero tengo la impresión de que también nos dará el marco para denunciarlas y criticarlas sin miedo al balazo por la espalda. Hay que defender el cumplimiento de los acuerdos, seguir pelando contra la locomotora minera y por los derechos de las minorías. Imaginar mecanismos para acabar con la corrupción. Abrir los ojos frente a las multinacionales – que se van a querer comer enterita esta tierra que la presencia de las FARC irónicamente protegía – y tratar de quitarle a las élites el país que no han soltado desde la independencia. Nadie espera que Santos nos lo facilite, pero va a tener que hacerlo dentro de la legalidad y el respeto a los derechos humanos porque con las FARC desarmadas la gran excusa que desde Turbay se ha utilizado para criminalizar la oposición se cae de su propio peso. La lucha no va a ser fácil, pero quiero creer no va a correr más sangre, porque aunque todas las batallas están pendientes, la guerra (que es la que mata y mutila) se acaba este domingo por la noche.

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