Crónicas y Reportajes/Periodismo

“Yo estuve en los atentados de París”

publicado en EL ESPECTADOR

Anna, Marion y Aurélie, eran tres amigas que salieron a cenar en París el 13 de noviembre. Esa noche, la capital francesa viviría los ataques más trágicos de su historia reciente. Para la cena de reencuentro, las hermanas Marion y Anna Pétard-Lieffrig, escogieron Le Petit Cambodge, a dos pasos del hospital Saint Louis, el décimo distrito de París, una zona de cafés y restaurantes tradicionalmente abarrotados los fines de semana.

El restaurante tenía tan buena reputación, que los clientes siempre terminaban comiendo codo a codo con los de la mesa vecina.

Para evitar esperar de pie y hacer largas filas se volvió costumbre darle el número del celular a uno de los meseros, y mientras tanto tomar una cerveza en el local vecino, Le Carillon. Hace cuarenta años que los Amokrane, una familia de inmigrantes de la kabylia argelina, abrieron este bar, en donde durante “la hora feliz” medio litro de cerveza valía 3 euros. En París, más barato imposible.

Anna y Marion eran hijas de una pareja de carniceros de la población de Monthou-sur-Bièvre. Ese viernes 13 volverían a verse después de que Anna, la menor, hubiera pasado varios meses en Barcelona.

Era también en la capital catalana donde Marion había estudiado música antigua luego de graduarse del Conservatorio de París. Fanática de la bicicleta, Marion también tenía un trabajo en la Ópera de Bastilla y había sido profesora en la Escuela de Música de Beaugency. Se preparaba para partir rumbo a Palermo (Italia) y realizar su segundo año de maestría.

Anna, feminista y militante contra la homofobia, era diseñadora gráfica. Luego de varias prácticas, entre ellas una en Reporteros Sin Fronteras, había conseguido un contrato fijo que debería empezar en diciembre. Tenía 24 años y ya contaba en su hoja de vida con afiches de 3 x 4 metros utilizados en las estaciones del metro parisino.

Aurélie B. dice que Anna, su amiga de toda la vida, le había dado un dibujo del que se sentía particularmente orgullosa. Una representación de Ganesh, un dios hindú, “el destructor del mal y los obstáculos”. Aurélie era la tercera invitada a la cena. Gravemente herida, su nombre figuró entre los desaparecidos en los días posteriores a los ataques, que dejaron 128 muertos y más de 350 heridos. El peor ataque terrorista en la capital francesa de los últimos tiempos.

 

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La idea de que el dibujo de Anna debería viajar por el mundo y convertirse al mismo tiempo en un símbolo de paz y en una manera de recordar a las personas que perdieron la vida en los atentados, le vino a Aurélie el 23 de noviembre, mientras tenían lugar los funerales de Anna y Marion, y a los que no pudo asistir por su estado de salud…

… continué leyendo en EL ESPECTADOR

 

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