Crónicas y Reportajes/Periodismo

La ópera del veneno

publicado en EL ESPECTADOR

En mayo del 2015, Juan Pablo Carreño pidió a los productores que se hiciera una lectura escénica de las partes vocales de la ópera que le habían encargado. Reunir a los artistas era costoso y complicado, pero Carreño terminó por convencer a quienes estaban detrás del proyecto, de que era imposible seguir adelante sin esa prueba.

“Al escucharlos me di cuenta de que había pasado tres años escribiendo una ópera en la que las partes vocales estaban pensadas como diálogos de teatro. Tal como estaba escrita en ese momento, La digitale no tenía ninguna densidad vocal. Sólo réplicas. Ningún espectador soportaría algo así más de veinte minutos”, dice el compositor colombiano.

Faltaban siete meses para el estreno, previsto para el 11 de diciembre en el Teatro Nacional La Criée de Marsella, cuando Carreño decidió que tenía que empezar de nuevo.

De la noticia judicial a la tragedia clásica

Nacido en Bucaramanga hace 37 años, Carreño es el más joven de los compositores comisionados por la Ópera de Marsella, la Ernst von Siemens Music Foundation y el Ensamble Musicatreize para escribir una trilogía de “óperas policíacas” basadas en libretos del autor Sylvain Coher en torno a una historia de venganza que atraviesa tres generaciones de una familia.

“La idea de una ópera policíaca no es nueva, qué más ejemplo que las adaptaciones de Woyzeck. Pero el argumento permitía que, más allá del juego de pistas para descubrir un crimen, la historia se abordara como una tragedia clásica. Yo quería que Flora, la protagonista, estuviera destinada a cometer el crimen y que pasara lo que pasara, terminaría por cometerlo”, dice Carreño.

Con esa idea, Carreño y Coher retrabajaron varias escenas y dieron vuelta a la estructura de la obra. “Quería personajes que a pesar de convertirse en asesinos pudiéramos comprender no judicialmente, pero sí como seres humanos”, dice el compositor.

Fue la repetición de frases queAFICHE OPERA fue apareciendo durante el trabajo de reescritura, lo que lo llevó a imaginar que los efectos del veneno de la Digitalis purpurea, la flor que da título a la obra, podían integrarse en la composición musical. Para eso introdujo un cambio fundamental en la estructura : desde el principio sabemos que Flora, la protagonista, es culpable. También que se ha envenenado y que a lo largo de la

obra asistiremos no sólo a su confesión y al esclarecimiento de su crimen, sino a su agonía.

“Quise que los espectadores no sólo vieran cómo los síntomas afectaban el razonamiento del personaje, sino que la música reflejara esos trastornos en la percepción. Que a través de la música

 

entraran en la cabeza de Flor”, dice Carreño.

La idea le había llegado luego de asistir una puesta en escena de La gaviota de Chejov dirigida por Philippe Adrian en el Teatro de La Tempête…

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