Entrevista/Periodismo

La comandante Inna Shevchenko

publicado en REVISTA BOCAS

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Fotos : Jacob Khrist

El cuartel general de las Femen es una planta de tratamiento de aguas abandonada cerca del puerto de Clichy, al norte de París. Al entrar por una escalera de caracol, lo primero que uno ve es una motosierra.

‒¿Es la que usó para tumbar la cruz de la Plaza Maidan, la plaza de la independencia en Kiev?

‒¿Y dónde iba a meterla cuando huí de Kiev? Es una réplica ‒contesta Inna Shevchenko.

‒¿Una réplica quemada?

‒Se quemó cuando nos incendiaron el local en el que estábamos antes.

Al llegar a París como refugiada, Inna vivió en el Lavoir Moderno, un teatro “okupa”. Allí quiso establecer la “sucursal Francia” de Femen. Tras un incendio que acabó con su habitación y un ataque con arma blanca, se trasladó a este local de Clichy donde hace un año la amenaza una orden de desalojo. En los muros hay periódicos que hablan de las acciones del grupo, eslóganes escritos con aerosol y caricaturas de Al-Assad, Putin y Le Pen padre. Uno de los muros fue decorado por Charb, el asesinado director de Charlie Hebdo y muestra un seno empujando a un abismo a varios líderes de movimientos religiosos y racistas. La palabra Sextremismo, con la que las Femen definen su ideología, cubre casi todo el techo. La “S” toca un radiador que no funciona. “No me gusta exagerar las dificultades, pero hay gente que dice que recibimos millonadas y ni siquiera tenemos calefacción”, explica.

Unos meses antes de que Inna se uniera al grupo, Anna Hutsol, Oksana Chatchko y Sasha Shevchenko, reunidas en el café Ban’ka, de Kiev, escogieron el nombre Femen, que en latín quiere decir “muslo”, para su grupo. Habían pensado llamarse Las Amazonas, pero las amazonas se mutilaban un seno para disparar sus armas y para las Femen los senos son las armas.

Con sus senos descubiertos, Inna escaló una cerca para enfrentar a los francotiradores del Foro Mundial de Davos, denunció el turismo sexual en Ucrania durante la Eurocopa, fue a la casa de Strauss-Kahn en nombre de las camareras de hotel, la detuvieron antes de desnudarse frente al papa y viajó a Rusia para plantársele a Putin en plena Plaza Roja. En Bielorrusia, los esbirros del presidente Alexander Lukasenhko le cortaron el pelo y amenazaron con quemarla.

Inna prepara un té y conecta un radiador que parece un ventilador de taxi, inútil para el tamaño del salón. Frente a los policías antimotines que tratan de detenerla suele verse radiante, pero la fatiga que le han ido dejando arrestos, acosos y procesos judiciales ‒o la gripa de la que no sale‒ la hacen ver mayor.

“Tengo la edad de mi país”, dice como si acabara de descubrir la coincidencia.

La independencia de Ucrania fue declarada en agosto de 1991.

“En los últimos años del comunismo, la gente vivía sin riquezas ni carencias. Fue tras la desaparición de la Unión Soviética que la situación se deterioró. Ese clima de corrupción permitió que Yanukovitch, con la ayuda de Rusia, llegara a la cabeza de un aparato de saqueo y concentración de poder. Nadie reaccionaba porque cuando apenas hay papas para comer, no se tiene la energía para organizarse políticamente”.

En noviembre de 2004, unas elecciones amañadas dieron la victoria al partido “azul” de Viktor Yanukovitch sobre los “naranjas”, proeuropeos, de Viktor Yuschenko. En los días siguientes el mundo descubrió que internet también servía para organizar revoluciones e Inna fue al colegio en su natal y rusófila Kherson, llevando una cinta naranja. “La profesora me sacó porque estaba prohibido hacer política. Le recordé que ella decía que recomendáramos a nuestros padres el partido de Yanukovitch”

Foto: Jacob Khrist

La Revolución Naranja ganó, pero su balance es pesimista. ¿Que quedó de ella?

Mi generación creció decepcionada porque veíamos que el capitalismo no había cumplido sus promesas. Las protestas de 2004 nos sacudieron y nos enseñaron que se podía reaccionar.

¿No ve a una “mujer libre” en la primera ministra Ioulia Timochenko, que fue también un símbolo de los “naranjas”?

En el extranjero la idealizan porque tiene lindas trenzas y fue prisionera del régimen, pero antes de entrar en la política ya era millonaria y durante la presidencia de Yuschenko traicionó al pueblo para favorecerse haciendo negocios con Rusia. No por ser mujer es menos corrupta.

A diferencia de las demás fundadoras de Femen, usted no tuvo en su familia problemas de violencia o alcoholismo. ¿Cómo veía la situación de la mujer en Ucrania?

Igual que ahora. Los espacios que se han abierto en el mundo laboral son apenas un complemento a los papeles de madre y esposa. Las mujeres tienen el primer hijo a los 16 y a los 20 tienen que lidiar con tres. La única nueva posibilidad es prostituirse al servicio de los extranjeros, bien sea con los turistas o a través de un matrimonio.

 

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4 pensamientos en “La comandante Inna Shevchenko

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