Opinión

Elkín Ramírez nunca fue un “Titán”

 

 

Como mi memoria falla por todas partes, vuelvo a este vídeo. Era el 7 de junio del 2007 y en el Teatro Jorge Eliecer Gaitán Kraken cerraba una noche de metal ochento-noventero en español en la que también habían tocado Arkangel y Paul Gillman. No había celulares que filmaran en ese entonces así que en lugar de lucecitas de pantallas se ven manos alzadas y algún encendedor. En mi recuerdo Elkin Ramírez había tenido problemas con el micrófono durante el concierto, que ya se iba acabando, pero él sabía que un micrófono era algo de lo que podía prescindir. Contaba con la potencia de su voz, claro, pero sobre todo podía contar con su público. Cantar con su público. En el vídeo, que miro una y otra vez ahora que Elkín acaba de morirse, la gente canta duro él cuando se calla. Y cuando él canta, la gente canta más duro.

Sus conciertos siempre fueron así, una fiesta entre parceros y Elkin un tipo que sabiendo que podía convertirse en una estrella, así fuera a nivel “south-american rockers”, nunca quiso mirar desde arriba a los que admiraban su música.

Por eso, aunque yo mismo lo hice, nunca entendí a los que le decían “Titán”. Titánica la música, claro esas letras bien coordinadas con los acordes de potencia y los golpes de batería que hacían que uno no pudiera hacer otra cosa que cabecear y  levantar los brazos, idealmente haciendo con los dedos el cuerno satánico. Titán, Kraken, la banda, a lo largo de treinta y dos años de reencarnaciones.

Elkín no. No fue “titán”, ni líder, ni dios del rock and roll. Elkín era uno más de los que iban a los toques de Kraken. Nunca dejó de ser ese “chico de mi barrio que tildaban de ordinario al no ser como los demás”.

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Elkín Ramirez en el Teatro  Jorge Eliecer Gaitán, 2007.

Es cierto que cada país tiene SU Kraken. En los ochenta Iron Maiden, y detrás de ellos, el resto de la “nueva ola del metal británico”, produjeron  en cada rincón del planeta  bandas de adolescentes que querían ser como ellos, apropiándose de las líneas de bajo de Harris y de la voz y movimientos de Dickinson, pero con letras en su propio idioma. Mientras Dickinson siempre ha sido un narrador en verso digno heredero de su mamá Emily, sus émulos locales hablaban de lo que se sentía vivir en un mundo que no entendía a los que querían ser como Maiden.

Kraken comenzó por allí, pero como Ángeles del Infierno, Arkangel de Venezuela, los argentinos de Renacer y los rumanos de Cargo, la banda fue buscándose una forma propia. Aunque los dos temas de su primer sencillo “Todo hombre es una historia” y “Muere Libre” nunca dejaron de ser los más efectivos en vivo, los álbumes de los noventa y en particular Piel de Cobre fueron un cuestionamiento, sino musical  ciertamente lírico, para construir una identidad basada en lo latino-americano abriendo así el camino para un rock duro que iba entendiendo que no tenía sentido buscarse en las referencias anglosajonas, nosotros tan “Hijos del Sol”, tan hijos del Sur.

Elkín Ramirez, junto a Dilson Díaz de La Pestilencia, fue el ejemplo de una generación de metaleros que por sus canciones entraron al inglés, a la poesía, al arte y sobre todo a la rebeldía. Se sabe que le ofrecieron venderse para dedicarse a un pop comercial que a lo mejor le hubiera llevado lejos, al precio de renunciar a sus convicciones. A ese negocio que aceptaron ciertas Shakiras y Juanestebaneses, Elkín dijo que no. Nunca hizo dinero pero nunca le faltó cariño.

De él podrán objetar que no era un músico virtuoso, en el sentido de que innovó poco a lo largo de los años, pero un músico bueno es más fácil de encontrar que un artista fiel a los suyos. Y es porque Elkín pertenecía a esa rara especie que el domingo estábamos tan tristes.

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Hace tres años, la última vez que estuve en Bogotá, Kraken se presentaba en la Media Torta. Sin saber pregunté quién tocaba que había semejante fila  y cambié todos los planes del día para verlos. Para revivir ese concierto del Gaitán, otro en el Parque de Las Hormigas y un acústico en el auditorio Luis A. Calvo. Pensé que el público en la Media Torta estaría formado de treintañeros tardíos que sumergidos por ese pudor ridículo de la edad adulta no iban a ser capaces de gritar que hay que tomar escudo y espada porque hoy te reta el vivir. Pero sobre todo había jóvenes, adolescentes, hasta un par de alumnos míos de cuando fui profesor de colegio. Otra vez era la gente la que cantaba, Elkín feliz, sabiendo que nadie lo idolatra, pero todos los quieren. Todos gritamos que se vive una vez para ser eternamente libre.

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PS. Si quieren leer algo diferente a las notas redactadas a las carreras el domingo  a partir de Wikipedia, busquense el excelente perfil de Elkín Ramírez que Eugenio Chaín escribió para Rolling Stone hace unos años.

5 pensamientos en “Elkín Ramírez nunca fue un “Titán”

  1. Pingback: NOTA SOCIALISTA SOBRE KRAKEN Y SU FUNDADOR: ELKIN RAMÍREZ (1962 -2017) | Blog Socialista / Ideas para la Acción

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