publicado en EL ESPECTADOR
Se necesitó la fotografía de Alyan Kurdi boca abajo en una playa de Turquía y la tragedia de una familia en la que sólo sobrevivió el padre, para convencer a la opinión pública de que los adultos no dejan a sus niños atrás al huir de las ciudades en ruinas de Siria o de los campamentos insalubres de Líbano y Jordania. Sigue leyendo