Opinión

Papa – Natas*

En este día les digo: mantengan viva la alegría, es signo del corazón joven, del corazón que ha encontrado al Señor. Nadie se la podrá quitar. No se la dejen robar, cuiden esa alegría que todo lo unifica en el saberse amados por el Señor”

Su Santidad Francisco I

* “Papanatas” es un anagrama de “Satán Papa”, a buen entendedor

El accidentico del Papa en Colombia (que no se puede comparar con el accidentico aue Juan Pablo II sufrió en Roma un 13 de mayo) nos acabó de demostrar a los ateos la inexistencia de Dios. ¿Qué otra cosa puede uno pensar de un ser “todopoderoso”pero incapaz de un impedir que su máximo representante en la tierra se descalabre con un frenazo a 10 kilómetros por hora?. “Es el libre albedrío” me han contestado algunos creyentes respecto a esta teoría. No creo. Yo una vez me descalabré borracho y no era mi libre voluntad. Tengo testigos.

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Ese fue el mejor momento de la visita pontifical y junto a la cara de Uribe mirando pasar el Batimovil, el único interesante. El resto de la gira se diferenció mucho de la venida de Juan Pablo II ni de la de Pablo VI, que al menos dejó un nombre bonito para un barrio bogotano: el mismo frenesí mediático, la misma reacción de rebaño, la indecencia de paralizar, en nombre de un “líder espiritual”, todo el país.

No es que hubiera que atender mal al segundo Don Francisco más amado de Latinoamerica. Pase la ruana y por supuesto la colaboración de las autoridades con la logística para manejar a las multitudes que querían verlo, tal vez una audiencia con el presidente, pero ya. Por respeto a los miembros de otras comunidades religiosas, y a los que no creemos, el papel del estado colombiano tenía que llegar hasta ahí. Como con las estrellas de rock, o sus parientes pobres, los escritores del Hay Fest , la ida a Andrés Carne de Res y lo demás que lo paguen los organizadores de la venida, es decir la Iglesia Católica.

Como se manejaron las cosas, y para evitar la discriminación en favor de los católicos, el presidente y toda la clase política tendrán que ofrecer homenajes a la altura el día que venga cada máximo representante de cada rama del Islam,  cada posible patriarca de la iglesia ortodoxa (griega, rumana, rusa, ucraniana, etc, etc, etc ), el presidente de la confederación bautista Jan Lek, el cuarto Aga Khan, el Gran Espagueti Volador o el sumo sacerdote de la Iglesia Satánica, reverendo Peter Gilmore.

¿Y a qué horas saca el gobierno tiempo para atender toda esa gente?

¿Y si vienen les van también a llevar líderes indigenas como hicieron con el Papa, que tuvo el descaro de recibirlos, en lugar de ir él a sus territorios y sobre todo sin mencionar el papel de la iglesia católica en un genocidio que duró siglos y en una destrucción del patrimonio cultural que continúa hasta ahora?

Por que ese el problema. Los discursos del Papa, que al parecer fascinaron hasta a varios agnósticos reputados, se limitan a la repetición de buenas intenciones pero no incluyen llamados claros a la acción. Nada de instrucciones explícitas a los misioneros que trabajan en las comunidades indígenas para que se limiten a una acción humanitaria sin inculcar su religión por encima de las creencias ancestrales. Una vaga referencia a los que “siembran cizaña” sin decir Uribe, y sin desautorizarlo. Un apoyo al proceso de paz de Santos, que no vino acompañado de una exigencia pública para que el ahora presidente responda por los Falsos Positivos que ocurrieron cuando era Ministro de Defensa.

Pero como nada de esto se dijo, terminamos por comprobar que el Papa es un bonachón inútil de frases lindas que no molestan a nadie. Como Bono, el cantante de U2, (que al menos canta) o el Dalai Lama (que al menos molesta a China). En buen representante de la iglesia, Francisco I se limitó a la parábola, esa figura literaria perversa que sirve para no nombrar las cosas por su nombre. La misma estrategia de connivencia con el poder con la que, a pesar del heroísmo de algunos clérigos, la iglesia católica pero dejó tranquilo a Franco y a las dictaduras latinoamericanas.

El Papa se subió al avión (con más suerte que Gardel) y el país quedó igual de dividido que antes. Los ateos seguimos ateos, los católicos católicos, los santistas santistas , y los uribistas más uribistas que nunca: porque para ellos el representante de Dios en la tierra es Alvarito. Que el Papa habló de amor como Coelho o como un marihuanerito buena onda, chévere, pero es que, don Pacho, en Colombia el problema no es la falta de amor, eso nos sobra y usted lo comprobó, sino la injusta repartición de la riqueza. Ese temita del que ustedes los Papas no hablan sino por encimita.

 

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